Sons do Mar
Sons do Mar es un archivo de memorias líquidas: un conjunto de obras que traducen la forma en que el mar habla, vibra y deja huella sobre la materia. Cada pieza nace de un gesto escuchante, de esa frontera íntima donde lo visible se mezcla con lo que solo puede percibirse cuando el agua filtra la luz y el sonido.
Aquí, la pintura funciona como un cuerpo vivo.
El gesso mineral, la arena, las veladuras y los óxidos reconstruyen paisajes que no están fuera, sino dentro: relieves que vibran como ecos submarinos, corrientes que emergen desde el fondo y destellos que actúan como restos fósiles de un movimiento antiguo.
La colección explora la frontera entre lo audible y lo velado, ese territorio donde el mar deja rastros mínimos —tensión, memoria, ritmo, respiración— y donde cada textura se convierte en un modo distinto de escuchar.
Sons do Mar propone una mirada lenta, casi táctil:
un mapa emocional donde la materia respira, la luz se hunde y la marea revela lo que permanece oculto bajo la superficie.
Aquí, el mar no es un paisaje.
Es una voz.
Latexo Abisal
30 x 40 cm - Lienzo. XC 002
Acrílico, gesso mineral , arena, veladuras profundas.
Latexo abisal se adentra en la vibración íntima de las profundidades marinas, ese territorio donde la luz no llega pero la vida sigue latiendo. Las capas mineralizadas y las veladuras oscuras crean un campo pulsante, casi orgánico, que evoca el ritmo silencioso del océano en su zona más honda.
La obra funciona como un corazón abisal: un núcleo de energía atrapado en pigmentos erosionados. Cada destello es un latido; cada sombra, una respiración de la tierra sumergida.
Vestíbulo Salgado
30 x 40 cm - Lienzo. XC 003
Acrílico, gesso, arena, sal, veladuras minerales
Vestíbulo salgado evoca el instante en que la marea deja su huella sobre la roca: un territorio donde la sal se vuelve arquitectura y la erosión dibuja memoria. La textura central funciona como un núcleo fósil, una cavidad que respira y se abre como si guardara el eco antiguo de las mareas.
Las capas mineralizadas revelan un paisaje subacuático detenido en el tiempo, donde lo orgánico y lo sedimentado conviven. La obra actúa como un umbral: una puerta táctil hacia lo que el mar esconde cuando baja la marea.
Otolito
30 x 40 cm - Tablilla. XC 004
Acrílico, gesso, arena, veladuras minerales.
Otolito parte del pequeño órgano del oído interno que permite orientarnos en el espacio. La obra transforma ese fragmento biológico en un paisaje marino íntimo, donde la materia vibra como una memoria sumergida.
Los turquesas erosionados y el núcleo oscuro central funcionan como una brújula interna: un punto de equilibrio entre silencio, profundidad y movimiento. Es una pieza sobre la escucha interior - esa que sucede cuando el cuerpo se aquieta y el mar habla desde dentro.
Voz Ígnea
30 x 40 cm - Lienzo. XC 005
Acrílico, gesso mineral, arena, pan de cobre, mica blanca.
Voz ígnea nace de la unión entre fuego y océano: una columna luminosa que asciende desde lo profundo como un estallido de energía interior. Las texturas erosionadas crean un relieve volcánico que conversa con un azul abismal donde la materia sigue vibrando.
La obra funciona como un eje : arriba, la luz que irrumpe; abajo, la resonancia acuática que la sostiene. Es un paisaje simbólico sobre la fuerza que aparece cuando algo dentro de nosotros decide abrirse paso.
Aquí , la luz no cae: surge desde el fondo.
Silencio Xélido
30 x 40 cm - Tablilla. XC 006
Acrílico, gesso mineral, veladuras oceánicas
Silencio xélido es una inmersión en la arquitectura profunda del mar: un territorio de sombras azules, grietas luminosas y ecos minerales donde elocéano retiene la voz y la transforma en respiración.
Las capas erosionadas de gessoy arena generan un relieve helado, casi geológico, donde la materia parece fracturarse para dar paso a una luz que asciende desde el fondo.
El azul - en su forma más nocturna y abismal - convive con blancos glaciaresque funcionan como destellos de orientación.
Es una pieza sobre elsilencio que sostiene, sobre la calma densa que habita bajo la superficie cuando el mar y el cuerpo encuentran un mismo pulso.
Aquí, el silencio no es ausencia: es la claridad que emerge desde lo profundo.
Fósil
30 x 40 cm - Tablilla. XC 008
Acrílico, gesso, arena, papel y pegamento pva
Fósil es una aparición: una forma antigua que emerge desde el fondo como si el tiempo hubiera decidido volver a mirar. La obra nace del relieve áspero del gesso, la arena y el papel, que juntos construyen una superficie casi arqueológica: un terreno donde la materia conserva huellas que no pertenecen al presente.
El ojo —centro vivo de la pieza— funciona como el punto donde la memoria despierta. Es un fragmento que parece recordar algo anterior a nosotros: un animal enterrado, una sombra marina, un espíritu mineral que vuelve a la luz después de siglos de silencio.
Las texturas erosionadas evocan capas de sedimento que guardan historias tectónicas. El azul profundo actúa como abismo; los ocres y verdes oxidados, como restos orgánicos atrapados en la piedra. Cada grieta es un pulso detenido, un eco de vida que no terminó del todo.
Aquí, Fósil es revelación:
lo que creíamos perdido vuelve a respirar.
Baixamar
30 x 40 cm - Tablilla. XC 009
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
Baixamar es el momento en que el mar se retira y deja al descubierto la memoria de la orilla. La obra captura ese instante suspendido en el que la marea baja revela texturas íntimas: surcos, sedimentos, restos de luz que permanecen adheridos a la arena como si fueran respiraciones antiguas.
Las veladuras verdes y plateadas construyen un paisaje húmedo y silencioso, donde la línea del agua aún vibra aunque ya no esté. Cada relieve funciona como huella de un movimiento que acaba de cesar: un eco reciente del vaivén que modela la costa.
La superficie erosionada actúa como territorio intermedio —ni mar ni tierra—, un umbral donde el tiempo se desacelera y la materia se aquieta antes de volver a ser tomada por la ola. Es una pieza que invita a escuchar la pausa, la calma que sólo existe cuando el océano respira hacia dentro.
Aquí, Baixamar es revelación lenta:
lo que permanece cuando el agua se va.
Líquen
30 x 40 cm - Tablilla. XC 010
Acrílico, gesso, arena y pasta de modelar
Líquen es una cartografía viva: un territorio donde la materia se une para formar vida en la superficie de la roca. La obra captura ese instante en que lo mineral y lo orgánico se entrelazan —como si el mar dejara sobre la piedra un tejido antiguo de humedad, tiempo y resistencia.
Las capas verdes, erosionadas y densas, funcionan como un mapa biológico. Cada relieve registra la expansión lenta de un organismo que crece sin prisa, adaptándose a la luz, al agua y a la rugosidad del soporte. El verde profundo pulsa como un latido húmedo; el turquesa revela zonas de brote, respiraciones recién nacidas sobre la corteza de la tierra.
La pieza se mueve entre lo terrestre y lo acuático: un umbral donde la vida aparece en silencio, colonizando la materia desde la sencillez absoluta. Líquen no representa un paisaje; lo fabrica.
Aquí, Líquen es persistencia:
la capacidad de la vida para aferrarse incluso en lo más árido y convertirlo en raíz.
Reverberación
30 x 40 cm - Tablilla. XC 012
Acrílico, mineral , arena y pasta de modelar.
Reverberación es la huella que deja un sonido al atravesar el agua: un eco que se despliega en círculos concéntricos, como si la marea conservara en su piel la memoria de un impulso antiguo. La obra captura ese instante de expansión —un latido que se abre paso en lo líquido y transforma la superficie en vibración visible.
Las texturas minerales, erosionadas y luminosas, dibujan un movimiento en espiral que nace de un centro oscuro y cálido. Cada relieve funciona como un pulso: pequeñas ondas que avanzan, chocan, se repiten y continúan creciendo, como si la materia respirara a intervalos.
Los tonos turquesa y azules profundos recogen la densidad del océano; los brillos dorados y rosados actúan como destellos atrapados, restos de una energía que asciende desde el fondo hacia la luz.
Aquí, Reverberación es expansión:
la manera en que una sola vibración puede transformar todo lo que toca.
Cástor e Pólux
30 x 40 cm - Tablilla. XC 013
Acrílico, gesso mineral , arena, veladuras profundas.
Cástor e Pólux es una obra sobre la doble presencia: dos fuerzas nacidas de la misma corriente, separadas apenas por un pulso de agua. La pieza captura ese instante en que dos islas interiores —dos memorias, dos voces, dos destinos— emergen a la superficie como gemelos de una misma marea.
Las veladuras turquesas y los minerales erosionados construyen un paisaje suspendido: un territorio donde la luz sube desde el fondo y revela la textura antigua de lo que estuvo unido. Cada relieve funciona como huella de un vínculo primario, casi telúrico, que resiste el paso del tiempo y sigue latiendo bajo la superficie.
Aquí, la materia no divide: conecta.
Las dos formas se buscan en un diálogo silencioso, como si compartieran un origen común que el agua no logra borrar.
Aquí, Cástor e Pólux es un puente:
una respiración doble, un reflejo especular, una marea que reconoce en el otro su propio fondo.
Eco
30 x 40 cm - Tablilla. XC 014
Acrílico, gesso mineral , arena, veladuras profundas.
Eco es la resonancia que deja el mar cuando la voz se hunde y vuelve transformada. La obra captura ese instante en que un sonido antiguo —una memoria, un gesto, un pensamiento hundido— regresa desde el fondo como una vibración suave que cambia el paisaje interior.
Las veladuras turquesas y los azules minerales construyen un territorio líquido donde nada permanece fijo: cada textura se desplaza como una onda que avanza, retrocede y vuelve a empezar. El relieve funciona como un registro silencioso del paso del agua, un mapa efímero de lo que se dijo y lo que quedó sin decir.
Aquí, la materia escucha.
La superficie se convierte en un espejo profundo donde el color recoge un susurro y lo devuelve más hondo, más claro, más verdadero.
Aquí, Eco es presencia que regresa:
una voz que no se pierde, sino que encuentra otro modo de volver.
Amnios
30 x 40 cm - Tablilla. XC 015
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
Amnios es el lugar primero: la memoria líquida donde todo comienza.
La obra recoge ese instante primigenio en el que la materia se organiza dentro de una cavidad acuosa —un espacio tibio, protector, suspendido fuera del tiempo— donde emergen formas embrionarias, relieves tenues y pulsaciones de luz que parecen flotar bajo la superficie.
Las veladuras azules y doradas construyen un territorio en gestación: capas que suben y descienden como si fueran respiración, fragmentos minerales que funcionan como células luminosas, texturas que recuerdan al latido lento del origen. Cada relieve activa un movimiento interno que no se ve, pero se intuye: una vibración que prepara la vida.
Aquí, Amnios es origen:
un océano íntimo donde la materia se reúne, se escucha y se dispone a nacer.
Zen do Mar
30 x 40 cm - Tablilla. XC 017
Gesso, arena, piedras y conchas.
Zen do Mar es un espacio de quietud: una franja de mundo donde el mar se retira y deja al descubierto lo esencial.
La obra captura ese instante de pausa en el que la marea baja revela piedras, restos minerales y huellas del movimiento del agua. Todo permanece, pero nada está inmóvil: la calma es un tránsito.
Las texturas blancas y arenas suaves construyen un paisaje casi meditativo, donde cada relieve funciona como una respiración contenida. Las piedras y conchas emergen como presencias mínimas, símbolos de permanencia dentro del cambio. No hay turbulencia: hay observación.
Un silencio que escucha el mar.
Aquí, Zen do Mar es estado:
una escena de recogimiento natural donde el océano muestra su rostro más austero y sereno.
Fillo
30 x 40 cm - Tablilla. XC 020
Acrílico, gesso mineral , arena, pasta de modelar
Fillo es una geografía afectiva: un mapa que nace entre la tierra y el mar, donde un hilo dorado traza la vibración del vínculo que une a dos orillas. La obra funciona como un paisaje emocional —no un territorio real— en el que la materia parece abrir un camino luminoso desde la profundidad azul hasta la roca cálida.
Las texturas de arena y gesso construyen un relieve vivo, casi telúrico, que palpita bajo la luz. Sobre ese cuerpo mineral emerge un trazo dorado que actúa como corriente íntima: guía, puente, raíz que crece desde el centro del agua hacia la superficie del mundo. Es vínculo, trayectoria, nacimiento.
Aquí, el azul no es solo océano: es origen, respiración, el lugar donde algo comienza a ser.
Y la tierra no es solo frontera: es sostén, forma, la promesa de un lugar propio.
En Fillo, el paisaje se vuelve emoción:
un hijo es siempre ese camino de luz que cruza nuestras aguas y toca nuestra tierra.
Orixe
30 x 40 cm - Tablilla. XC 021
Acrílico, gesso mineral , arena y conchas.
Orixe es una visión primordial: un territorio que asoma desde el océano como si acabara de nacer. La superficie mineral, marcada por grietas y pliegues, evoca una geología en expansión, un continente recién formado, todavía húmedo de origen.
Las conchas incrustadas funcionan como fósiles del mar: memoria de lo que fue antes de que la tierra se alzara.
El agua que rodea la masa terrestre se mueve en gradientes de turquesa a azul profundo, como si acompañara este surgimiento con una respiración lenta. La forma es clara: una estructura que recuerda a un útero abierto, un abrazo que contiene y protege.
Aquí, el origen no es un punto, sino un territorio vivo:
la tierra que surge del mar, el mar que sostiene a la tierra, y la artista que atiende ese instante donde algo nuevo se forma desde la materia.
Orixe es nacimiento, raíz y archipiélago interior.
Un mapa íntimo del comienzo.
Deriva
30 x 40 cm - Tablilla. XC 023
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
Deriva es un mapa en movimiento: fragmentos de tierra que parecen desprenderse, avanzar, retroceder, reorganizarse en un océano de azules intensos. La pieza captura ese instante en que todo está cambiando, pero nada se ha perdido.
Las masas claras, casi pétreas, flotan sobre un fondo líquido que vibra como un mar profundo. Hay en ellas una tensión sutil entre sostenerse y soltarse, entre pertenecer a un territorio y dejarse llevar por la propia corriente.
En esta obra, la deriva deja de ser una amenaza para convertirse en un proceso natural: una forma de navegación interior.
El agua —con sus veladuras transparentes y su respiración mineral— sostiene y acompaña. Lo que se desplaza no se deshace: encuentra nuevas posiciones, nuevas orillas, nuevas posibilidades de ser.
Deriva es, en esencia, un recordatorio silencioso:
a veces avanzar significa permitir que algo en nosotros se mueva sin resistencia.
Liminal
40 x 60 cm - Tablilla. XC 025
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
Liminal es un territorio de umbral: ese espacio donde dos mundos se rozan sin llegar a fundirse. La obra captura el instante exacto en que la orilla deja de ser tierra para volverse agua —y viceversa—, un borde poroso donde todo cambia sin estridencia.
Las capas de gesso y arena construyen un relieve que respira como una costa viva: ondulaciones que avanzan y retroceden, crestas que parecen nacer del choque de dos pulsos, huellas minerales suspendidas entre aparición y desvanecimiento.
Sobre ellas, las veladuras acuosas generan un azul translúcido que envuelve la escena en una luz de frontera: nada está del todo aquí, nada está del todo allí.
Los pequeños fragmentos que emergen —islotes, restos, cuerpos mínimos— funcionan como marcas de un tránsito: señales de que algo ha cruzado. La materia se abre, se repliega y vuelve a abrirse, como si el mar estuviera pensando su siguiente forma.
Aquí, Liminal es umbral y promesa:
el lugar donde comienza lo que aún no tiene forma.
Vestixio umbilical
40 x 60 cm - Tablilla. XC 026
Acrílico, gesso, arena, veladuras asfálticas
Vestixio umbilical es la huella que permanece incluso cuando el origen ya no está. La obra recoge ese rastro primario que vincula cuerpo, mar y memoria: un canal de luz y materia que atraviesa la superficie como si el océano recordase su propio nacimiento.
Las capas de gesso y arena construyen un relieve que palpita, un territorio abierto donde los verdes minerales, dorados erosionados y veladuras profundas funcionan como estratos de una geología íntima. La línea central se comporta como un cordón antiguo que aún transmite calor —la marca de un vínculo que no se corta del todo, incluso cuando la vida se expande hacia otros lugares.
El uso de veladuras asfálticas introduce una sombra líquida que envuelve el paisaje, como si el agua conservara la memoria del tránsito entre un adentro y un afuera. Cada gesto pictórico parece resonar con un eco biológico: nacimiento, desprendimiento, continuidad.
Aquí, Vestixio umbilical es origen y desprendimiento:
la memoria luminosa de aquello que nos unió por primera vez al mundo.
Covas
50 x 50 cm - lienzo. XC 027
Acrílico, gesso, arena, café, conchas de bivalvos.
Covas nace del litoral más íntimo: ese lugar donde el mar horada la piedra durante siglos hasta convertirla en oquedades, refugios, pequeños pulmones de agua. La obra captura ese instante en que la costa respira, dejando ver su anatomía secreta.
Las texturas minerales, la arena y el café generan un relieve arcaico: cavidades que parecen esculpidas por una maquinaria paciente, circular, casi orgánica. Las conchas incrustadas funcionan como fósiles recientes —rastros de vida que el océano deposita y retira, una y otra vez, como si escribiera y borrara la misma frase sobre la piel de la tierra.
El azul intenso de las aguas se abre camino entre los huecos, revelando corrientes que entran, se adentran y vuelven a salir. Cada cova es una cámara de resonancia: una forma que guarda luz, otra que se hunde en sombra, otra que resuena con el pulso del mar.
Aquí, Covas es territorio y memoria:
la geografía silenciosa donde el océano guarda lo que aún no quiere olvidar.
Serpe
50 x 70 cm - lienzo. XC 028
Acrílico, gesso, arena, papel, malaquita, cuerzo transparente y rosa, pan de cobre
Serpe es movimiento ancestral: una forma que surge del fondo del agua como si la tierra misma recordase que alguna vez fue serpiente, onda y raíz. La obra captura ese instante en que la materia se pliega sobre sí misma y revela un gesto primigenio —un espiral vivo que respira dentro del océano.
Las veladuras turquesas y los depósitos minerales generan un paisaje sumergido, donde cada relieve funciona como un eco geológico. La serpiente no aparece como amenaza, sino como símbolo de renovación y tránsito: un cuerpo que se desliza entre planos de luz y sombra, abriendo un camino interior allí donde el agua lo permite.
El pan de cobre y la malaquita actúan como señales de profundidad: destellos que recuerdan metales antiguos, tesoros enterrados y transformaciones lentas. El cuarzo transparente introduce una vibración clara, como si el movimiento de la serpiente dejara una huella luminosa en la materia.
Aquí, Serpe es mito y metamorfosis:
una fuerza que asciende desde lo oculto para devolver el mundo a su forma más antigua y más viva.
Brétema
40 x 40 cm - lienzo. XC 031
Acrílico, gesso, arena, pasta de modelar y mica
En Brétema, la materia respira como una costa suspendida entre agua y niebla. La superficie parece emerger lentamente de un velo húmedo, donde la luz no se impone: se filtra. La mica dispersa pequeños destellos que recuerdan el instante en que el sol roza la niebla marina y la convierte en respiración luminosa.
La composición, casi aérea, sugiere un territorio visto desde arriba —una isla, un cabo, un fragmento de mundo aún sin nombrar— pero envuelto en la suavidad del misterio. Nada es plenamente sólido ni plenamente líquido: todo vibra en ese umbral donde lo real y lo imaginado se mezclan.
Brétema es la imagen de lo que se revela sin mostrarse del todo.
Un lugar que se intuye más que se describe.
Un origen que llama, pero que no apremia.
Las texturas, rugosas y delicadas al mismo tiempo, evocan la erosión lenta, la memoria del viento salino y la persistencia de la materia. La paleta, envuelta en turquesas lechosos y veladuras translúcidas, convierte la obra en un espacio de contemplación: un territorio de silencio húmedo y claridad difusa.
Aquí, la niebla no oculta: protege.
Ampara la forma para que pueda aparecer a su propio ritmo.
Ánima Maris
40 x 40 cm - lienzo. XC 032
Acrílico, gesso, arena, pasta de modelar y mica
Ánima Maris es la respiración interior del océano.
No representa un lugar: encarna un latido.
La paleta de verdes minerales y blancos velados hace que la superficie se abra como una profundidad luminosa, donde la materia parece moverse con la suavidad de un organismo vivo. Las texturas —rugosas, salinas, casi orgánicas— evocan un relieve submarino que asciende hacia la luz, como si algo ancestral despertara desde el fondo.
En esta obra, el mar no es paisaje ni metáfora: es presencia.
Un cuerpo que se despliega, que siente, que se ofrece en capas y veladuras como un espíritu antiguo emergiendo desde lo invisible.
Los destellos de mica funcionan como señales vitales: pequeñas chispas que recuerdan que toda agua tiene memoria, que toda profundidad guarda un pulso. La composición diagonal sugiere un movimiento ascendente, un gesto de impulso vital, casi un nacimiento.
Ánima Maris es la manifestación de la energía viva del océano:
el alma líquida que te sostiene, te nombra y te reconoce.
En ella se percibe un vínculo íntimo —telúrico, emocional, casi uterino— con esa matriz primordial de la que procede no solo tu obra, sino tu forma de estar en el mundo.
Aquí, el mar no habla: respira en tu lugar.
Maruxía
40 x 40 cm - lienzo. XC 033
Acrílico, gesso, arena, piedras, liquen, sal
Maruxía es el nombre del mar cuando se vuelve misterio. Un oleaje que parece suave pero que esconde bajo su espuma restos de vida, memoria mineral y fragmentos de tierra que el agua deshace y vuelve a recomponer.
La obra surge de un gesto turbulento: una corriente que arrastra piedras, líquenes y sal, y los funde con las veladuras turquesas en una única respiración. El relieve central —un cuerpo pétreo que se disgrega— funciona como un archipiélago en transformación, un organismo erosionado por la marea que nunca conserva la misma forma.
Las texturas blancas, casi aéreas, actúan como bruma marina: un velo que difumina los contornos y convierte la superficie en un territorio suspendido entre lo visible y lo imaginado. Nada está del todo fijo; todo parece a punto de surgir, romperse o volver a hundirse.
Aquí, Maruxía es metamorfosis:
la danza entre la materia que resiste y la ola que insiste.
In Crescendo
30 x 40 cm - lienzo. XC 034
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
In Crescendo es un ascenso. No solo en la composición: en la energía que la recorre.
La obra nace de un movimiento interior que se expande desde la quietud luminosa hacia un territorio más profundo y vibrante. Los blancos y turquesas iniciales funcionan como una respiración contenida; una calma previa al impulso. A medida que la mirada desciende, el color se densifica, la textura se vuelve más mineral y el trazo adquiere una intensidad creciente, como una ola que reúne fuerza antes de romper.
Las veladuras acuosas crean un ritmo visual que avanza por capas: cada estrato suma una vibración nueva, cada transparencia revela un matiz que estaba oculto. Es una pieza que pide ser observada como se escucha una música que se eleva: reconociendo el instante en que empieza a crecer por dentro.
La línea oblicua que atraviesa la obra no divide: abre camino.
Es una frontera porosa entre lo que emerge y lo que todavía se está gestando; un umbral donde la materia empieza a convertirse en movimiento.
En In Crescendo, el mar no se representa: se afina.
Sube de tono, de luz y de conciencia.
Es la imagen de un proceso interno que asciende sin prisa, sin violencia, con la serenidad de quien sabe que está llegando a sí mismo.
Treboada
70 x 90 cm - Lienzo. XC 036
Acrílico, gesso mineral , arena, pan de oro, tintas
Treboada es el instante en que el océano se levanta y revela su pulso primario. La obra recoge ese movimiento vertical —un ascenso que vibra desde el fondo hacia la superficie— y lo transforma en un arco de luz, densidad y rumor marino que rodea al espectador como un oleaje expandido.
Las capas de gesso mineral y arena construyen un relieve que respira: zonas de espuma, estrías profundas y veladuras de tinta que funcionan como corrientes superpuestas. La composición circular, casi ciclónica, captura la energía de una mar en agitación: no es violencia, sino el gesto de una fuerza que despierta, ordena y limpia.
El pan de oro introduce destellos que irrumpen como fragmentos de claridad en medio del tumulto: pequeños fuegos que asoman entre verdes abisales, azules densos y turquesas iluminados. Cada trazo registra un impulso, un cambio de dirección, una tensión que se resuelve en armonía.
Aquí, Treboada es surgimiento:
la belleza de un mar que se alza para volver a ponerse en calma.
Orfeo
50 x 70 cm - lienzo. XC 102
Acrílico,gesso, tintas.
Orfeo es una obra sobre la voz que atraviesa la oscuridad.
No canta para ser escuchado: canta para no perder lo que ama.
La composición se organiza como un campo vibratorio donde las formas circulares emergen y se disuelven, suspendidas en una materia oceánica y profunda. No hay figura, pero hay presencia: cada núcleo parece contener memoria, latido, eco. La pintura no narra el mito; lo encarna.
El color —verdes abisales, turquesas, negros y destellos lumínicos— funciona como una partitura emocional. La materia se expande y se retrae, como si la obra respirara. Todo en ella es tránsito: entre la luz y la pérdida, entre el recuerdo y el silencio.
Orfeo no mira atrás.
Avanza sabiendo que la belleza no siempre salva, pero sí acompaña.
Es una obra sobre el poder frágil del arte:
no vencer a la muerte, sino descender sin romperse.
Presenza
30 x 40 cm - lienzo. XC 103
Acrílico, tintas.
Presenza no representa: sucede.
Es una obra sobre el estar, sin relato previo ni promesa posterior.
La pintura se organiza como un flujo continuo de materia y color, donde los azules, verdes y veladuras claras se entrelazan sin jerarquía. No hay un punto focal dominante; todo el campo pictórico respira al mismo tiempo. La mirada no se dirige: permanece.
Aquí la materia no dramatiza. Se asienta.
Cada capa parece depositarse con la lógica del agua: por acumulación, por deriva, por tiempo. El gesto no irrumpe; acompaña.
Presenza habla de ese instante en el que ya no es necesario comprender ni avanzar.
Solo habitar.
No es memoria ni anticipación.
Es el ahora sostenido.
Estigia
50 x 70 cm - lienzo. XC 105
Acrílico, pan de cobre y mica de oro
Estigia no representa un abismo, sino un umbral.
La obra alude al río mítico que separa mundos, no como castigo, sino como tránsito consciente: elmomento en que algo se cruza y ya no hay retorno al estado anterior.
La composición triangular actúa como estructura de paso, una forma estable que canaliza el movimiento del agua. El flujo azul-verdoso atraviesa la obra con dirección clara, mientras el fondo cálido sostiene la escena, anclándola en lo terrestre. No hay caída ni violencia: hay cruce.
La veta de pan de cobre recorre el interior como una costura alquímica, señalando el lugar donde la transformación ocurre. No es herida, es integración: la materia registra el paso y lo convierte en memoria.
Estigia pertenece a la serie Cosmoxénese, donde el mar no es paisaje, sino matriz simbólica: origen, tránsito y regeneración. La obra habla de ese instante preciso en el que se abandona la defensa y se avanza con presencia, cuando el agua deja de amenazar y vuelve a sostener.
Lúa
60 x 60 cm - lienzo. XC 116
Acrílico, pigmentos minerales, bicarbonato.
Lúa es una obra centrada en la idea de núcleo y expansión. La composición se organiza en torno a una forma circular suspendida, que actúa como eje silencioso dentro de un campo pictórico en constante movimiento.
El color se despliega en capas fluidas de azules, verdes y blancos, atravesadas por acentos cálidos que activan la superficie sin romper su equilibrio. La materia, trabajada con pigmentos minerales y bicarbonato, genera texturas cambiantes que refuerzan la sensación de profundidad y transformación continua.
La presencia del círculo no funciona como símbolo cerrado, sino como punto de concentración: un espacio de calma relativa desde el que la pintura respira y se expande. No hay representación literal, sino una relación entre contención y deriva, entre centro y corriente.
Lúa propone una experiencia de observación pausada, donde la pintura se percibe como campo energético y estado, más que como imagen fija.
Inhala
40 x 40 cm - lienzo. XC 065
Acrílico, arcilla, pasta de modelar, gesso y polvo de mica
Inhala es un territorio que se abre hacia dentro: una expansión suave donde la materia respira, se eleva y recibe.
Los verdes, turquesas y dorados forman una atmósfera que parece suspender el tiempo, como el instante exacto en que el aire entra y el cuerpo se ensancha.
Las texturas funcionan como poros de una geología viva:
cráteres, relieves y grietas que inhalan luz y memoria, dejando que la superficie se convierta en un espacio interior.
Aquí la forma no empuja: acoge.
Todo se mueve hacia el centro, hacia ese punto donde nace la calma antes del impulso.
En Inhala, la materia se hace respiración:
una apertura que prepara el gesto, un silencio que invita a entrar.
Exhala
40 x 40 cm - lienzo. XC 066
Acrílico, arcilla, pasta de modelar, gesso y polvo de mica
Exhala es expansión y desprendimiento: una materia cálida que irradia, empuja y libera.
Los rojos, dorados y tierras abren un territorio donde la energía se desborda hacia fuera, como el aliento que estalla después de contenerse.
Las texturas funcionan como una geología incandescente: cavidades, filamentos y pulsos que recuerdan magma vivo, moviéndose hacia la superficie para decir su verdad.
Aquí la forma no recoge: se entrega.
El gesto se vuelve fuego, impulso y claridad que avanza sin miedo.
En Exhala, la materia se vuelve respiración abierta: una fuerza que atraviesa, un movimiento que afirma, una voz que sale al mundo.