Mi pintura no parte del paisaje, sino de la observación de cómo la energía se organiza hasta producir forma.
El mar es el sistema natural donde ese proceso se hace visible. En él aparecen corrientes, turbulencias y condensaciones que transforman continuamente la materia.
En mis obras utilizo el océano como lenguaje para explorar estos procesos. La espuma, la erosión y las fracturas de la roca no funcionan como elementos descriptivos, sino como registros de fuerzas en interacción.
A través de capas de materia pictórica —arena, pigmento, veladuras— intento reproducir el comportamiento de esos sistemas dinámicos.
Las primeras obras surgieron de la observación directa del mar en la serie Sons do Mar. Más adelante el lenguaje se concentró en la aparición de núcleos y estructuras en la serie Bosones. En ambos casos la pintura investiga el mismo fenómeno: el momento en que la energía se organiza y da lugar a forma.
Mi trabajo no busca representar el océano, sino pensar a través de él.