Pequerrechos
Pequeños en tamaño, inmensos en presencia
Pequerrechos reúne obras de pequeño formato que conservan la misma fuerza poética que las piezas mayores, pero en escala íntima.
Son fragmentos de mar, luz y textura pensados para habitar espacios cercanos: mesas, rincones, estantes, lugares donde la mirada descansa.
Cada pieza actúa como una miniatura del Atlántico: una ola contenida, una respiración, un territorio diminuto que vibra con vida propia.
Aquí lo pequeño no es menor:
es esencia destilada.
Morriña
20 x 25 cm - Díptico lienzo. XC 100
Acrílico, gesso, arena, mica mineral
Morriña es el gesto de una ola que vuelve siempre al mismo lugar. El díptico recoge ese instante en que el mar toca la orilla como quien recuerda una casa antigua: un vaivén suave, repetido, que reconoce y abraza.
La obra está construida como un recuerdo en movimiento: las veladuras turquesas sugieren la distancia del océano, mientras que la arena y los blancos espumosos trazan la frontera íntima donde el agua se rompe y se reúne. Cada textura conserva la huella de ese regreso —una marea emocional que avanza, retrocede y vuelve a tocar.
Aquí, Morríña es pertenencia:
la llamada silenciosa de un mar que reconoce su costa y vuelve a ella sin perderse nunca del todo.
Xanelas I & II
20 x 25 cm - Díptico lienzo. XC 099
Acrílico, gesso, arena, pasta de modelar y mica mineral
Xanelas son dos aperturas hacia el mar: dos miradas que se asoman al borde del agua como quien abre una ventana y deja pasar la luz. El díptico recoge ese instante en que la orilla respira, avanza y retrocede, dejando en la superficie un mapa líquido de espuma, arena y claridad.
Cada panel funciona como un fragmento del mismo gesto:
En Xanela I, el agua llega con fuerza suave, rompiendo la superficie en remolinos turquesa.
En Xanela II, la marea se retira, dejando al descubierto la transparencia del fondo y una línea de luz que ordena el paisaje.
Las texturas minerales conservan la vibración de la ola, un movimiento que limpia, renueva y abre espacio. Es una obra sobre el acto de asomarse: mirar el mar como quien reconoce un lugar que siempre vuelve a llamarnos.
Aquí, Xanelas es horizonte:
un umbral desde el que ver —y respirarse— con más claridad.
Se chove que chova
20 x 25 cm - Díptico lienzo. XC 098
Acrílico y tintas acrílicas
Se chove que chova es un díptico que asume la tormenta sin resistencia: una obra que nace del gesto de dejar caer lo que tenga que caer. Las tintas se expanden como nubes que se abren, lluvias que resbalan por la superficie y corrientes interiores que encuentran su cauce.
En cada panel, los pigmentos azules, violetas y rosas funcionan como climas emocionales distintos:
– uno es oleaje que sube,
– el otro es cielo que descarga.
La obra captura ese instante en el que la emoción se vuelve atmósfera: el color llueve, se mezcla, busca su propio camino y revela, al secar, un territorio nuevo.
Las veladuras fluidas crean un paisaje cambiante donde nada permanece fijo: el agua decide la forma. Es un díptico sobre aceptar el tiempo, aceptar lo que llega y lo que se va, como una estación que hace su trabajo.
Aquí, Se chove que chova es rendición luminosa:
lo que cae, limpia.
lo que moja, revela.
lo que empapa, transforma.
Suspiro
20 x 25 cm - Díptico lienzo. XC 097
Acrílico, gesso y tintas acrílicas
En esta pieza, la materia se abre como si el cielo y el océano respirasen al mismo tiempo. Las texturas ascendentes y los azules profundos evocan una lluvia que no cae: se expande, como una emoción contenida que finalmente encuentra salida.
La luz blanca que surge en diagonal funciona como un destello - un suspiro- que atraviesa la superficie. El díptico se convierte así en un pequeño paisaje interior donde la tormenta no destruye, si no que revela.
Rexurdir
20 x 30 cm. Madera. XC 042
Acrilico, polvo de mica, tintas.
Es una obra nacida del tránsito: cuando algo que parecía agotado vuelve a moverse por dentro, sin ruido, sin épica, pero con verdad.
La materia aquí no estalla ni se impone.
Se reorganiza.
Se recompone.
Vuelve a respirar.
Rexurdir no representa un paisaje ni un gesto decorativo, sino un estado interno de reactivación suave: ese momento en el que la energía regresa después de la pausa, cuando el cuerpo y la emoción encuentran de nuevo su pulso.
Sedimentos I
15 x 22.5 cm Tablilla. XC 072
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
Sedimentos I es una microgeología marina: un paisaje íntimo donde el verde erosionado y las capas veladas actúan como memoria del agua. La obra captura el instante en que la materia se asienta y revela lo que el océano deposita en silencio: fragmentos, vibraciones mínimas y huellas antiguas.
Las texturas minerales funcionan como un fondo submarino detenido en el tiempo, donde luz y sombra conviven en un equilibrio suave. Es una pieza que invita a mirar despacio: cada relieve es un resto de marea, un eco de profundidad transformado en color.
Aquí, el sedimento no es peso: es la forma en que el mar recuerda.
Sedimentos II
15 x 22.5 cm Tablilla. XC 073
Acrílico, gesso, arena, veladuras acuosas
Sedimentos II continúa la escucha del mar desde dentro. pero esta vez desde una zona más cálida y luminosa. Las capas ligeras de acrílico, gesso y arena generan un relieve donde la materia funciona como un archivo estratificado: cada fragmento mineral actúa como un eco atrapado en la memoria del agua.
Los verdes abisales y los turquesas erosionados evocan frecuencias bajas, íntimas, que ascienden como un rumor líquido. La obra trabaja en la frontera entre lo visible y lo velado: aquí la luz se mezcla con sedimentos antiguos que vuelven a emerger.
Aquí, la luz regresa desde el fondo.
Sumidoiro
20 x 30 cm. Madera. XC 074
Acrílico, gesso, pan de oro y pintura asfáltica.
Sumidoiro es una pieza que se adentra en la caída del agua hacia su propio centro: un remolino donde la materia se oscurece, vibra y se transforma.
Las veladuras turquesas y los negros minerales construyen un paisaje en movimiento, como si el océano revelara su zona de arrastre —esa frontera donde la luz se hunde para renacer más profunda.
El pan de oro actúa como destello atrapado: fragmentos de claridad que resisten antes de ser absorbidos por la corriente. Cada relieve funciona como un pulso que desciende, una fuerza que empuja hacia lo subterráneo.
Aquí, Sumidoiro es tránsito:
una marea que desciende para volver a aparecer en otro lugar.
Ruxidoiro
20 x 30 cm. Madera. XC 075
Acrílico, gesso, pan de oro y pintura asfáltica.
Ruxidoiro es el rumor profundo del agua cuando despierta la materia. La obra captura el instante en que una corriente interna —turquesas vibrantes, negros minerales y destellos dorados— erosiona la superficie y revela un relieve vivo, casi tectónico.
Las veladuras acuosas funcionan como un paisaje en transformación: zonas que emergen, zonas que se hunden, un vaivén continuo donde la luz se fragmenta y se recompone. Cada textura registra un pequeño temblor, un eco de la energía que asciende desde lo subterráneo.
Aquí, Ruxidoiro es impulso:
una fuerza que arrastra, erosiona y abre caminos nuevos en la materia.
Os Catro Ventos
Os Catro Ventos es una serie que traduce los vientos en materia: cada dirección se convierte en textura, color y movimiento, como si el aire tomara cuerpo sobre la superficie.
Estas piezas pequeñas funcionan como brújulas emocionales: condensan atmósferas, ritmos y memorias del Atlántico, revelando como cada viento modela un estado interno distinto.
Nordés, Solano, Sul y Ponente forman un círculo completo - cuatro temperamentos, cuatro respiraciones del paisaje - que dialogan entre sí como estaciones del alma.
Aquí el viento ya no es clima : es orientación, impulso y origen.
Nordés
15 x 22.5 cm Tablilla. XC 076
Acrílico, gesso, pan de oro y polvo de mica.
Nordés es el viento claro y frío que limpia el horizonte. La obra capta ese impulso fresco a través de azules vibrantes, verdes ascendentes y destellos minerales que funcionan como chispas de luz en movimiento.
Las texturas erosionadas evocan un paisaje que despierta: cada relieve parece arrastrar memoria salina mientras el color se abre paso como una bocanada de aire nuevo. Es una pieza que trabaja en la frontera entre la turbulencia y la claridad, revelando cómo el viento reordena la superficie y prepara el paisaje para un nuevo ritmo.
Aquí , Nordés es transformación luminosa:
un comienzo, un despeje, una dirección que se afirma.
Solano
15 x 22.5 cm Tablilla. XC 077
Acrílico, gesso, pan de oro y mica dorada
Solano es el viento cálido que asciende desde el este y enciende el color.
La obra recoge esa temperatura suave a través de veladuras doradas, verdes vibrantes y destellos minerales que funcionan como un resplandor en movimiento.
Las texturas erosionadas construyen un pequeño paisaje de claridad: aquí la luz no cae, se expande. Cada relieve activa un rumor templado que atraviesa la superficie y transforma el espacio en un mediodía detenido.
Aquí, Solano es apertura:
un viento que despierta, ilumina y despliega la materia.
Sul
15 x 22.5 cm Tablilla. XC 078
Acrílico, gesso, pan de oro y mica dorada
Sul es el viento cálido del sur: un aliento que asciende desde el fondo y enciende la materia.
La obra traduce esa temperatura suave y envolvente mediante veladuras doradas, verdes luminosos y corrientes azules que funcionan como un pulso en movimiento.
Las texturas erosionadas revelan un paisaje abierto donde la luz se expande: cada relieve activa un resplandor que asciende desde dentro, como si el viento trajera consigo un rumor antiguo y fértil.
Aquí, Sul es expansión:
un viento que abraza, madura y despierta la claridad interior.
Ponente
15 x 22.5 cm Tablilla. XC 079
Acrílico, gesso, pan de oro y mica dorada
Ponente es el viento tibio que llega del oeste: un soplo que trae calma, madurez y una luz que desciende lentamente sobre la superficie. La obra recoge esa claridad templada mediante veladuras doradas, verdes suaves y destellos minerales que funcionan como un eco de sol filtrado por el horizonte.
Las texturas erosionadas se despliegan como un paisaje sereno donde cada relieve activa un ritmo pausado: aquí el color no irrumpe, se posa. Es una pieza que trabaja en la frontera entre el resplandor y la sombra, revelando cómo el viento occidental ordena la materia en un equilibrio contenido.
Aquí, Ponente es sosiego:
un viento que aquieta, asienta y sostiene la luz.
Os Catro Mares
Os Catro Mares es una serie que recoge cuatro formas de agua:
cuatro mares simbólicos donde la luz, la sal y la memoria adoptan cuerpos distintos.
Cada miniatura funciona como una atmósfera líquida: condensan ritmos, brillos, profundidades y silencios del océano Atlántico, revelando cómo cada mar posee un carácter propio, una energía emocional y una huella de origen.
Aquí el agua no es solo materia: es tiempo, respiración y memoria en movimiento.
Mar de Ardora, Mar de Alborán, Mar de Sargazos y Mar de Prata forman un mapa íntimo del océano:
cuatro luces, cuatro ritmos, cuatro paisajes que dialogan entre sí como estaciones de la marea interior.
Aquí el mar no es frontera:
es camino, latido y casa.
Mar de Ardora
20 x 30 cm. Madera. XC 080
Acrílico, gesso, red y polvo de mica dorado.
Mar de Ardora es el resplandor que nace en la oscuridad: una luz que brota del agua cuando la noche respira. La obra captura ese instante en el que el mar se enciende desde dentro —como si el movimiento invisible de la marea despertara un fulgor antiguo, íntimo, casi vivo.
Las veladuras turquesas y los dorados fluidos construyen un paisaje que palpita: cada relieve recoge el gesto del agua bajo la luna, cada brillo mineral funciona como bioluminiscencia suspendida en el tiempo. Es una pieza que invita a mirar despacio, porque la luz no aparece de golpe: crece, como un secreto que asciende desde el fondo.
Aquí, Mar de Ardora es revelación:
una claridad que surge en silencio y transforma la noche en un mapa luminoso.
Mar de Alborán
20 x 30 cm. Madera. XC 081
Acrílico, gesso, red y polvo de mica dorado.
Mar de Alborán es el mar donde el Atlántico y el Mediterráneo se tocan: una zona de encuentro, tensión y corrientes que se cruzan como si el agua respirara en dos lenguas distintas. La obra captura ese instante en el que dos mares chocan y se reconocen: azules profundos que avanzan, verdes que retroceden, destellos dorados que vibran en la superficie como señales migratorias.
Las veladuras fluidas generan un paisaje en movimiento: cada trazo recoge la fricción entre masas de agua diferentes, un rumor cálido que asciende desde el sur y una corriente fría que llega del oeste. El relieve mineral funciona aquí como cartografía viva: líneas que se abren, grietas que se iluminan, territorios que emergen y se deshacen.
Aquí, Mar de Alborán es umbral:
un punto donde dos mares se encuentran y la materia decide en qué dirección seguir.
Mar de Sargazos
20 x 30 cm. Madera. XC 082
Acrílico, gesso, red y polvo de mica dorado.
Mar de Sargazos es el territorio donde el océano se detiene sin detenerse: un mar suspendido, cubierto de algas errantes que viajan sin rumbo fijo, creando una superficie viva que respira como un bosque flotante. La obra captura ese estado entre quietud y movimiento, donde el agua parece escuchar su propio pulso.
Las veladuras verdes, turquesas y los destellos dorados evocan corrientes suaves que no arrastran, sino que envuelven. Cada relieve funciona como una traza vegetal, como una raíz marina que se estira, se enreda y vuelve a nacer. Es un paisaje íntimo, casi oculto, donde la luz queda atrapada y se libera en fragmentos móviles.
Aquí, Mar de Sargazos es suspensión:
un lugar donde el océano se recoge, madura y revela lo que flota entre dos mundos.
Mar de Prata
20 x 30 cm. Madera. XC 083
Acrílico, gesso, red y polvo de mica dorado.
Mar de Prata es el instante en que el Atlántico se convierte en un espejo líquido: una superficie que recoge la luz y la devuelve multiplicada, como si cada ondulación fuese una línea de plata en movimiento. La obra captura ese resplandor suave que aparece cuando el mar se aquieta y la claridad se extiende sobre él como un velo luminoso.
Las veladuras verdes, turquesas y los dorados suspendidos componen un paisaje donde la luz no cae: se desliza. Cada relieve refleja el temblor de una marea tenue que avanza sin prisa, como si el océano respirara desde dentro. Es un mar maduro, amplio, contemplativo.
Aquí, Mar de Prata es quietud brillante:
un territorio donde la claridad se posa, permanece y transforma el agua en un campo de luz.
Érguete
20 x 30 cm. Madera. XC 117
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Érguete nace del gesto del agua cuando decide levantarse. No describe una ola, sino un impulso: materia en ascenso, energía que irrumpe y se afirma.
La pintura se comporta como líquido vivo, construyendo una textura densa y vibrante.
Una pieza de pequeño formato, contenida en tamaño, pero clara en presencia.
Acouga
20 x 30 cm. Madera. XC 118
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Acouga habla del gesto contrario al impulso: el momento en que la energía se recoge y se aquieta.
La materia gira, se concentra y respira hacia dentro. Los verdes y amarillos construyen un espacio circular y orgánico, donde la pintura fluye sin tensión.
Es una pieza de pequeño formato que transmite calma contenida y equilibrio interior.
Sinapsis
20 x 30 cm. Madera. XC 119
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Sinapsis explora el momento de conexión entre fragmentos.
La materia se cruza, se superpone y establece vínculos, como impulsos que se transmiten bajo la superficie. Las capas azules, verdes y arenas generan un espacio denso y vibrante, donde el gesto no es lineal, sino relacional.
Es una pieza de pequeño formato que habla de enlace, tránsito y comunicación interior.
Ítaca
20 x 30 cm. Madera. XC 120
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Ítaca evoca el viaje y la idea de regreso.
La materia se despliega en azules profundos y turquesas, creando un paisaje interior que remite al mar, a la distancia y a la memoria. Las capas y veladuras generan un horizonte difuso donde la pintura avanza y se recoge, como una travesía silenciosa.
Es una pieza de pequeño formato que condensa búsqueda, permanencia y destino interior.
Néboa
20 x 30 cm. Madera. XC 128
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Neboa evoca el mar cuando la luz se disuelve y todo se vuelve atmósfera.
La pintura se construye con capas transparentes de turquesa y verde frío, atravesadas por una presencia oscura que sugiere costa, sombra o memoria.
Es una pieza de pequeño formato que condensa distancia, silencio y profundidad emocional.
Xeada
20 x 30 cm. Madera. XC 129
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Xeada evoca el frío quieto del océano en invierno: ese instante en que el mar parece detenido.
La pintura se construye con capas transparentes y una presencia oscura lateral que actúa como costa o sombra, dando profundidad sin necesidad de narración.
Es una pieza de pequeño formato que condensa contención, calma y claridad.
Hío
20 x 30 cm. Madera. XC 130
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Hío es un cabo de azul absoluto: roca y océano en tensión.
La pintura se sostiene en un horizonte limpio y una presencia mineral que avanza como un filo, creando una sensación de lugar real y, al mismo tiempo, mítico.
Es una pieza de pequeño formato que condensa fuerza, presencia y destino.
Auria
20 x 30 cm. Madera. XC 131
Acrílico, gesso, tintas, pan de oro y veladuras minerales
Auria trabaja la idea de luz mineral: el oro aparece como sedimento, no como adorno.
La pintura se expande en verdes oceánicos, grises y espuma, como un choque entre agua viva y materia antigua. Las capas generan un territorio en movimiento, entre lo orgánico y lo geológico.
Es una pieza de pequeño formato que condensa transformación, brillo interior y valor simbólico.
Calma Chicha
20 x 30 cm. Madera. XC 132
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Calma Chicha nombra un estado raro del océano: cuando el agua se queda quieta y el mundo parece suspenderse.
La pintura se construye con capas profundas de turquesa y un horizonte oscuro que contiene el espacio. Los blancos aparecen como espuma mínima, casi respiración.
Es una pieza de pequeño formato que condensa pausa, quietud y contemplación.
Pingadelas
20 x 30 cm. Madera. XC 133
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
Pingadelas es el mar en su versión más orgánica: gotas, espuma y corriente.
Los blancos atraviesan el color como una red viva, entre lo marino y lo neuronal, generando una sensación de movimiento continuo. Las capas transparentes dejan ver profundidad y materia bajo la superficie.
Es una pieza de pequeño formato que condensa energía, ritmo y vida.
A Modo
20 x 30 cm. Madera. XC 134
Acrílico, gesso, tintas y veladuras minerales
A Modo evoca el mar cuando entra en un estado de pausa: agua que no empuja, que sostiene.
La obra se construye con capas transparentes de turquesa y azul profundo, atravesadas por una línea mínima de espuma. Bajo la superficie aparecen trazos y veladuras que recuerdan a corrientes, mapas o memoria.
Es una pieza de pequeño formato que condensa sostén, equilibrio y serenidad.