Galiza
Lo que la tierra gallega nombró antes de que existiera el lenguaje científico.
Galiza es una serie que trabaja con las figuras de la mitología galleg, no como iconografía ni como ilustración, sino como campos de fuerza. Cada criatura, cada entidad, cada presencia que la tradición oral conservó durante siglos nombra algo que ocurre en la materia, en el cuerpo y en el territorio antes de que la razón lo clasifique.
La mitología gallega no es folklore. Es un sistema de conocimiento que operó durante milenios para nombrar lo que la ciencia todavía está aprendiendo a medir : las fuerzas que custodian, las que advierten, las que transforman, las que permanecen cuando todo lo visible ha desaparecido.
En esta serie, la pintura no representa estas entidades. Las convoca como estados: densidades, umbrales, presencias que organizan la materia pictórica desde dentro. Los materiales - gesso mineral, arena, sal , veladuras profundas - no ilustran el mito. son el sustrato donde el mito todavía late.
Urco
60 × 60 cm - Lienzo. XC
Acrílico, gesso, arena, sal, veladuras minerales
El Urco no anuncia. Aparece.
No hay en esta obra horizonte tranquilo ni superficie en calma. La composición se organiza desde abajo: una masa densa y oscura que asciende, que empuja, que ocupa el centro sin pedir permiso. El movimiento no es explosivo - es inevitable. Como algo que lleva mucho tiempo formándose bajo la superficie y que en un momento dado simplemente está.
La cresta blanca en la zona inferior no es espuma decorativa. Es el instante exacto de la ruptura - el único segundo visible entre lo que estaba oculto y lo que ya no puede ocultarse.
Los bordes de cobre oxidado no son accidente. Son el tiempo acumulado , la materia antigua que precede a toda aparición. Y la apertura luminosa en la zona superior no es destino. Es lo que el Urco deja expuesto cuando pasa.
La pintura no representa un ser mitológico. Registra el momento que el Urco siempre anuncia: algo está a punto de cambiar.
Moura
60 × 90 cm - Lienzo. XC
Acrílico, gesso mineral , arena, bicarbonato, estuco, mica
La Moura no guarda por obediencia. Guarda porque sabe lo que se pierde cuando algo se mueve antes de tiempo.
La obra se organiza con un umbral vertical : una masa densa de materia oscura que ocupa la mitad izquierda - negros, tierras y oro atrapado en las capas más profundas, visible sólo si te acercas. No hay gesto expansivo ni ruptura. Hay peso, custodia, permanencia. El oro no brilla hacia fuera: está retenido, enterrado en la materia comoalgo que no debe ser encontrado todavía.
La línea que divide la obra no es un corte. Es el territorio donde la Moura opera: el espacio entre lo que se custodia y lo que todavía no puede ser visto. A la derecha, la materia se abre en blanco mineral y textura densa - no vacío, sino presencia que espera.
La superficie trabaja con gesso mineral, arena y veladuras. Las capas no decoran, sedimentan. Lo que parece apertura no es llegada. Es el umbral que la Moura sostiene desde el otro lado.