Estados da Materia
Estados de la Materia es una investigación pictórica sobre el paso del movimiento a la presencia.
Las obras no representan: sostienen estados. Campos líquidos, tensiones contenidas y momentos de condensación donde la materia encuentra equilibrio.
El trabajo parte de un mismo principio: cuando el gesto se aquieta, la pintura deja de describir y comienza a organizar experiencia.
En algunas piezas, el estado permanece abierto.
En otras, se condensa en una forma mínima —la esfera— no como símbolo ni motivo, sino como resultado: la materia reconociendo su propio centro.
Estas obras no buscan dirigir la mirada ni contar una historia.
Proponen un espacio de atención lenta, donde el tiempo se estabiliza y la presencia se vuelve perceptible.
Azzurro
60 x 90 cm - lienzo. XC 104
Acrílico, pan de oro.
Azzurro se concibe como una pieza arquitectónica cromática.
No representa un paisaje, sino que actúa sobre el espacio.
La obra se organiza a partir de un gran plano azul curvo que funciona como bóveda visual. El color estructura, contiene y ordena la mirada, generando una sensación de amplitud serena. No hay gesto expresivo ni ruptura: la superficie fluye de forma continua, pensada para convivir con el entorno y estabilizarlo.
El azul opera como material constructivo. Su gradación crea profundidad sin dramatismo, favoreciendo la permanencia y el descanso visual. La intervención de pan de oro introduce una línea de luz precisa que delimita el campo pictórico y establece un umbral sutil entre plano y espacio, entre obra y arquitectura.
Dentro de Sons de Arquitectura, Azzurro funciona como una estancia pictórica: una obra que no se contempla únicamente, sino que se habita. Está pensada para integrarse en espacios contemporáneos, dialogando con la luz natural y amplificando la percepción del lugar desde la calma.
No es imagen.
Es estructura sensible.
Vrao
120 x 80 cm - Chapa de madera. XC 106
Acrílico, estuco, pasa de modelar, polvo de mica
Vrao se concibe como una pieza de transición entre materia y superficie. No representa un paisaje: actúa sobre el espacio como una franja de calma activa, donde la tierra y el agua dejan de oponerse y se integran en un mismo campo pictórico.
La obra se organiza a partir de una estructura horizontal que funciona como línea de contención visual. Sobre ella, la materia se despliega por capas, generando profundidad sin dramatismo y una lectura progresiva que acompaña la mirada en lugar de dirigirla.
El color opera como material constructivo. La gradación de azules y turquesas establece un ritmo estable, mientras que las veladuras claras introducen luz y respiración. La incorporación de polvo de mica refuerza la relación con la luz natural, haciendo que la obra varíe sutilmente según el entorno.
Una obra pensada para integrarse en espacios contemporáneos, dialogando con la arquitectura y aportando una sensación de sostén, silencio y continuidad. No es una imagen.
Es un límite permeable.
Semente
60 x 60 cm - lienzo. XC 111
Acrílico.
Semente se sitúa en el punto inicial del sistema: no como comienzo narrativo, sino como condición de posibilidad.
La obra se organiza alrededor de una forma condensada.
La esfera no representa un objeto ni un símbolo: funciona como núcleo activo, un centro que genera campo y tensión a su alrededor.
El color no envuelve: emerge.
Las capas se expanden desde el interior hacia el exterior, marcando un proceso de activación lenta, sin dirección impuesta.
Aquí la materia no fluye todavía ni se deposita. Permanece en estado latente: concentrada, estable, preparada.
Semente no habla de origen como pasado, sino como presencia inicial:
el momento exacto en que algo existe antes de convertirse en movimiento.
Onda
60 x 60 cm - lienzo. XC 112
Acrílico.
Onda trabaja sobre la idea de transmisión. No como movimiento caótico, sino como propagación ordenada.
La obra se organiza desde un núcleo central que no se impone, sino que emite.
La forma inicial genera anillos sucesivos que se expanden sin perder coherencia, manteniendo la tensión entre centro y campo.
Aquí la materia ya no permanece latente (Semente), pero tampoco se disuelve (Flow).
Se desplaza manteniendo estructura. El ritmo circular no encierra: activa.
Cada capa recoge la anterior y la transforma, haciendo visible el paso del impulso a la extensión.
Onda no representa una ola ni un fenómeno natural concreto. Registra un estado intermedio: el momento en que algo comienza a afectar al entorno sin perder su origen.
Gundivós
60 x 90 cm - lienzo. XC 114
Acrílico, gesso, arena, polvo de mica y pigmentos minerales.
Gundivós es una obra construida desde la materia. La superficie pictórica se presenta como un territorio erosionado, donde capas de gesso, arena y pigmentos generan una topografía densa, casi geológica, atravesada por corrientes de color.
La composición se sitúa en un espacio liminar entre agua y tierra. El azul actúa como campo activo, mientras una masa más oscura y terrosa irrumpe desde un borde, estableciendo una tensión contenida que estructura la obra.
El uso de polvo de mica introduce una vibración lumínica sutil que activa la superficie según el ángulo de visión, reforzando la idea de la pintura como cuerpo vivo y cambiante. La materia no describe: permanece, sedimenta y resiste.
Gundivós forma parte de una línea de trabajo centrada en la memoria del paisaje y en los procesos de transformación lenta, donde la pintura se entiende como estrato, huella y presencia física en el espacio.
Baroña
63 x 123 cm - lienzo. XC 115
Acrílico, gesso, arena, polvo de mica y pigmentos minerales.
Baroña es una obra horizontal concebida como un límite activo entre dos fuerzas: la masa oceánica y la materia terrestre. La composición se organiza en una franja superior de azules densos y vibrantes que descienden y presionan sobre un estrato inferior cálido y terroso, generando una tensión continua.
La pintura no describe un lugar concreto, sino una relación: empuje y resistencia, profundidad y arraigo. La superficie presenta una materia trabajada, con capas de gesso y pigmento que construyen un relieve irregular, donde el color se sedimenta y la luz queda atrapada en la textura.
El contraste cromático entre el azul y los ocres no es decorativo, sino estructural. Actúa como eje de la obra y refuerza la sensación de frontera, de territorio expuesto a la transformación constante.